Tina A.

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Mi experiencia empezó en diciembre de 2016. Fui a mi consulta habitual por neumonía neumocistósica, por la cual estaba recibiendo tratamiento para el dolor crónico de espalda (en el área del tórax). La medicación que estaba tomando no estaba funcionando como debería, entonces mi médico dijo: “Hagamos una radiografía para ver si podemos ver algo”. Así que hicimos la radiografía. Ella la observó y me dijo “No es de extrañar que le duela, tiene escoliosis, una enfermedad degenerativa que afecta los discos y los espolones óseos”.

Me cambió el medicamento y me fui a trabajar. Llevaba unas dos horas en el trabajo cuando mi médico me llamó y me dijo: “El radiólogo estudió su radiografía y ha visto un problema: su tráquea está desplazada hacia la izquierda y quiere que se haga una tomografía del pecho, pero no es una emergencia”. Respondí que por favor la programaran lo antes posible.

La radiografía de tórax se realizó el miércoles y la tomografía se realizó el viernes por la mañana. Me llamaron antes del almuerzo y me dijeron que había una mancha en el pulmón derecho/área bronquial de 2.5 x 2.6 cm. Luego, una biopsia y una broncoscopia mostraron cáncer de pulmón de células pequeñas. Después de la broncoscopia contraje neumonía y pasé una semana en el hospital. Durante esta estancia en el hospital me hicieron una IRM del cerebro, que fue negativa. Luego fui a que me hicieran la exploración por TEP pero no se pudo porque mi nivel de azúcar en sangre era muy alto. (Un nuevo diagnóstico: diabetes).

Finalmente me hicieron la exploración con TEP y esta mostró que mi cáncer se limitaba al pulmón derecho. Fui al oncólogo local y al oncólogo de rayos y no estaba segura de acceder a sus planes de tratamiento. Entonces, una noche de sábado, el 1 de enero de 2017, finalmente me quebré. Mis emociones me dominaron, lloré, recé, rogué... Los sentimientos eran turbulentos. Decidí que daría pelea y buscaría una segunda opinión. Esa misma noche, llamé a CTCA de Atlanta y hablé por teléfono con ellos durante más de una hora pero, antes de colgar, ya tenía una cita para una segunda opinión.

Mi visita a CTCA fue genial. El ambiente era tan alentador y todo se trató de mí... de mí y mi cáncer. Me reuní con mi equipo de CTCA y me dijeron que el cáncer era tratable y curable. Diseñaron un plan de tratamiento que yo pudiera manejar y comencé mi quimio al día siguiente. Recibí quimio tres días a la semana cada 21 días durante cuatro ciclos. Recibí radioterapia a mitad de la quimio, dos semanas de radiación dos veces al día con una dosis baja. Perdí el cabello y algo de peso (apenas). Lo peor fue la fatiga. Por suerte nunca tuve náuseas ni vómitos.

Completé mis tratamientos en abril de 2017 y la fatiga empeoró, y mi recuento de leucocitos cayó a niveles realmente bajos, al igual que la hemoglobina. Volví al hospital otra semana, durante la cual me pusieron dos unidades de sangre e inyecciones para aumentar los glóbulos blancos. En mayo fui para hacerme la primera serie de exploraciones por tomografía del pecho, abdomen y pelvis y una IRM del cerebro. Cuando me reuní con mi médica para los resultados, yo estaba muy nerviosa. Ella comenzó por las exploraciones y llegó al pulmón y dijo: “Ya no está la masa en su pulmón derecho; todos los demás órganos son normales, la IRM del cerebro es negativa”. Empecé a llorar y ella se levantó y me abrazó y me dijo “Ahora, siga adelante. Salga de aquí y viva su vida. La veré de nuevo dentro de tres meses”- Volví para las exploraciones en agosto de 2017 y noviembre de 2017. Todo sigue normal y no hay señales de cáncer. Aún tengo un ganglio linfático que no ha terminado de volver a su tamaño normal que se ha reducido.

He vuelto a trabajar y a vivir una vida bastante normal gracias a Dios y a la detección temprana de mi neumonía neumocistósica, a un gran equipo de enfermeros y a CTCA de Atlanta. Los quiero a todos.

Publicado por primera vez: 4 de diciembre de 2017