Karen W.

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En enero de 2015, la empresa para la que trabajo ofreció una prueba de detección de cáncer de pulmón como parte de un programa de prevención. Yo fui fumadora durante más de 40 años, así que aproveché la oportunidad. La prueba de detección pereció no durar nada... ¡pan comido! Eso fue un viernes por la tarde y a las 8:00 del lunes mi médico me llamó y me dijo que necesitaba verme enseguida.

¡Mi nivel de ansiedad se disparó a través del techo! Enseguida llamé a mi esposo y me dirigí al consultorio del médico. Las noticias no eran buenas. La prueba de detección encontró un bulto muy grande en mi pulmón derecho. Todo lo que puedas imaginar cruzó por mi cabeza. ¿Me iba a morir? ¿Cuándo? ¿Tenía todas mis prioridades en orden? Me pidieron una exploración con TEP y eso llevó dos semanas. Mi esposo y yo estábamos aterrados y desesperanzados. Estas cosas solo les sucedían a los demás.

Después de la exploración por TEP, pidieron una biopsia. Cuando la biopsia comenzó, fui uno de los pocos desafortunados que sufren un colapso de pulmón. Me hospitalizaron en aislamiento porque no sabían si podía tener tuberculosis. Regresamos a casa al día siguiente y esperamos y esperamos. Al cabo de casi un mes me diagnosticaron histoplasmosis, ¡no era cáncer de pulmón! ¡Era tratable! Después de meses y meses de medicación antifúngica declararon que ya no estaba activo.

Sigo haciéndome los exámenes de detección y aliento a cualquiera que tenga un factor de riesgo a que se haga una prueba de detección de cáncer de pulmón, que hasta tal vez esté cubierta por el seguro como un beneficio de prevención, siempre que su proveedor utilice los códigos correctos para facturarlo. Si no me hubieran hecho la prueba de detección, nunca habrían detectado la infección fúngica que muy probablemente me habría matado. Estoy muy orgullosa de decir que llevo más de dos años sin fumar, igual que mi esposo.

No todas las noticias son malas. ¡Háganse la prueba de detección!

Publicado por primera vez: 31 de agosto de 2017