David G.

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En verano de 2013, luego de una valiente lucha de tres años, perdí a mi hermana menor por cáncer de pulmón. Ella fumó durante toda su vida.

Yo había dejado el cigarrillo en 1996, luego de fumar un promedio de dos paquetes por día durante 25 años. En la primavera de 2014, descubrí que tenía un bulto en la axila izquierda. No le di demasiada importancia, pero se lo mencioné a mi médico y, en resumen, terminé haciéndome una exploración por tomografía del tórax para determinar qué era ese bulto. La tomografía se hizo un viernes, y el lunes siguiente me encontraba en mi oficina cuando recibí la llamada.

Todavía no sabían qué era el bulto en la axila, pero sí había una masa en mi pulmón derecho. Casi me caí de la silla. No tenía síntomas relacionados con los pulmones. No tenía tos ni dificultad para respirar. Después de que una exploración con TEP indicara que era maligna, una biopsia lo confirmó. Terminé con una cirugía de tórax en la que me sacaron el lóbulo superior del pulmón derecho. Encontraron el cáncer tan temprano que es probable que la prueba de detección me haya salvado la vida. Sin radioterapia ni quimioterapia, solamente recuperarme de la cirugía.

Resultó que el bulto en la axila no tenía nada que ver. Fue solo una coincidencia que probablemente me salvó la vida. Al cabo de unas cinco semanas, ya prácticamente había vuelto a la normalidad. Obviamente, eso sería suficiente para compartir aquí, pero volvió a pasar. Luego de cuatro años de exámenes de detección, a finales del verano de 2017, descubrí que había empezado a crecer un pequeño nódulo en el lóbulo superior del pulmón izquierdo. En octubre pasado me hicieron una cirugía toracoscópica con video para extirpar ese lóbulo. Una vez más, lo descubrieron tan a tiempo que no se extendió y no hubo necesidad de tratamientos de seguimiento. Era un segundo tumor primario, no una metástasis del cáncer anterior. Una vez más, estaba en estadio 1A. Así que no me salvé solo una vez, sino dos. La primera vez fue de casualidad, ya que la exploración fue por otro problema. La segunda vez se debió a una exploración realizada para el cribado.

Aunque todavía me estoy recuperando de la segunda cirugía, mi vida está volviendo a la normalidad. No necesito oxígeno y no tengo limitaciones. Se sorprenderían de ver lo bien que se puede respirar, aun sin dos lóbulos. Si no hubiera sido por esa primera tomografía, probablemente estaría muerto. Y si no hubiera sido por los exámenes y exploraciones de seguimiento, probablemente estaría aquí, sentado, sin tener idea de que un cáncer estaría creciendo dentro de mí en el otro pulmón y que terminaría matándome. Háganse una prueba de detección. Se los digo. Háganse una prueba de detección. Insisto.

Publicado por primera vez: 9 de enero de 2018